A la ocupación tardoantigua de Confloenta, de época visigoda, pertenece el uso de la necrópolis situada detrás del posterior templo románico. Este dato arqueológico apunta a la posibilidad de que este último tenga su origen primitivo en una iglesia visigoda. La necrópolis, a su vez, se asienta directamente sobre las ruinas de una villa suburbana de época romana.

Excavación de la necrópolis visigoda (Molinero 1947).
La necrópolis de Duratón, que se mantuvo en uso entre el último tercio del siglo V y el siglo VI d.C., constituye el cementerio tardoantiguo más notable y extenso documentado en toda Hispania. Probablemente, los enterramientos de esta necrópolis corresponden a la población hispanorromana local de la zona, aunque es posible que también esté presente algún elemento de etnia goda. Las excavaciones científicas han documentado un sector de la necrópolis con un total de 666 tumbas provistas de ricos ajuares funerarios.
En el cementerio se han clasificado diferentes tipos de sepulturas, destacando las siguientes:
- a) En fosa excavada en el terreno natural: Modalidad que incluye variantes con estela para señalar el enterramiento; fosas delimitadas linealmente con piedras regulares o irregulares (en ocasiones lajas hincadas); tumbas cubiertas con losas planas o estelas funerarias expoliadas de los antiguos cementerios romanos; fosas con el fondo revestido por piedras planas o fragmentos de tégula; y sepulturas con la cabecera delimitada por un segmento circular de ladrillo.
- b) En sarcófago: Se documentó un ejemplar con tapa monolítica y otros tallados directamente sobre antiguos fustes de columnas romanas. Algunos de los hallados en las campañas se exponen de forma museística en el entorno, fuera de su posición original.
En numerosos enterramientos se incluyeron objetos de ajuar. Este amplio elenco de piezas —realizadas en plata, bronce, hierro y pastas vítreas— destaca por su gran calidad artística y técnica. Entre los hallazgos figuran objetos de adorno personal como fíbulas, broches de cinturón, collares, pendientes, pulseras, brazaletes, colgantes y anillos, incluyendo algunas piezas singulares de importación bizantina.
Todos estos objetos se custodian actualmente en el Museo de Segovia. Junto con los materiales procedentes de otras necrópolis coetáneas de la provincia (como Madrona, Aguilafuente o Espirdo), este conjunto arqueológico conforma una de las mejores y más completas colecciones de orfebrería visigoda hispana a nivel internacional.